
Tras casi cuatro meses de evitar spoilers de la cuarta temporada de Lost, hoy puedo decir que soy uno más de vosotros y que ya no tengo miedo a leer vuestros posts: ¡mañana empiezo a seguir las andaduras de los losties a ritmo U-S-A!
Como todos (o quizá solo algunos) sabréis, el viernes pasado salió publicado un artículo titulado "De Perdidos al río (por cuarta vez)" en el EP3 sobre nuestros andrajosos, pero heroicos amigos. Al final de éste, se incluían dos pequeñas secciones firmadas por otro periodista. Como la clasificación de fans que proponía me pareció no carente de cierta verdad y, por descontado, divertida, os la transcribo para que cada uno de vosotros, podáis definiros -estoy seguro que algunos, como a mí, se sentirán como una combinación de dos o tres categorías distintas-:
El planeta está repartido entre los que nunca han visto Lost y todos los demás. Los fanáticos, a su vez, se dividen en ocho razas. ¿A cuál perteneces tú?
1. El desentendido. Grupo minoritario que ve los capítulos un poco por TVE y otro poco por cable, sin atender a la cronología natural. Es una raza que nunca sabe si primero cayó el avión y después Hugo se hizo millonario, o al revés.
2. El ansioso. Ve los episodios por Internet porque no aguanta la espera. Primero en inglés, a las cuatro horas ve el episodio de nuevo con subtítulos en portugués y, mientras tanto, va haciendo refresh hasta que en su ordenador aparece el subtítulo en español.
3. El memorioso. Extendida raza que promete no seguir viendo la serie hasta que desvelen qué demonios hacía un oso polar en una isla del Pacífico.
4. El bibliotecario. Especie que nunca antes había tocado un libro y, gracia a las referecnias de Lost, ya ha devorado 12 volúmenes de filosofía, 4 novelas cortas de Dickens, la obra completa de Stevenson y el Contrato social de Rousseau.
5. El desencantado. Vio la primera temporada boquiabierto y en la segunda empezó a perder la fe: demasiada preguntas sin respuestas, demasiado freak alrededor del éxito. Ahora odia Lost y adora 24.
6. El crédulo. No le importa el hilo narrativo, nii los misterios sin respuesta. Es amante incondicional, y si en el próximo episodio todos los náufragos aparecen en el planeta Urano con el pelo platino y recitan a Shakespeare, no pasa nada: todo tiene su porqué.
7. El "conspiranoide". Extravagante grupo que dice haber visto al menos un cruce de tramas en cada episodio. No le alcanza con haber descubierto la cara de Walt en una caja de leche Dharma, o un vídeo de Sayid en medio de una flash-back de Hugo. También asegura haber visto a Kate besando a Fiti en un capítulo de Los Serrano.
8. El jesuita. Sólo tiene vida para pregonar sobre Lost al que nunca la vio. Te la graban sin preguntar, te envían fondos de pantalla y, si aún así no logran convertirte, te encierran un fin de semana para pasarte la primera temporada completa.
Casciari, Hernán. "Las razas de Perdidos" (XVIII/IV/MMVIII) El País, Número 151, pp. 10-12.
Yo soy un híbrido entre "el ansioso" y "el jesuita" (aunque creo que todos tenemos algo de jesuita cuando se refiere a series de televisión...). ¿Y TÚ qué eres?












La Bardemcilla (ese bar de Madrid) va a tener reservadas sus mesas hasta el mes de agosto. El mismo hecho de que postée sobre un actor cuyas únicas actuaciones que me han parecido sublimes son un par, Mar adentro y Antes que anochezca..., dice mucho de la repercusión de lo que ya es un hito en nuestra historia: el Oscar al primer actor español. Quizá alguna de sus primeras películas se hayan afianzado en la memoria colectiva del español, como podría ocurrir con Jamón, Jamón o Las Edades de Lulú o las más recientes Perdita Durango o Carne trémula. Sin embargo, este actor siempre irá asociado a la imagen que de él guardo en Huevos de oro -algo similar me ha ocurrido siempre con Maribel Verdú-. Y, seguramente, el problema sea mío, que sufro algún tipo de parálisis cinética y no puedo desdoblar al actor canalla de antaño del actor grave y profundo de los últimos tiempos. ¿Me sumaré al carro y falsearé la historia fingiendo que Bardem es un actor que me encanta y que siempre pensé que llegaría hasta donde he llegado? ¿Negaré que sigo simpatizando más con la figura de Antonio Banderas, aunque parezca que esté haya abandonado por completo su faceta como actor de cine? En cualquier caso, hay algo de lo que no me puedo deslindar y es que como toda prensa escrita lleva anunciando hoy a bombo y platillo, "Bardem ha hecho historia".


, las señoritas Hepburn. Antes me había pasado por el videoclub para salir con las manos vacías y, aunque tenía varias películas en casa, pendiente de ver, al final me decanté por el biopic de Mrs. Audrey Hepburn y por la Comedia (atención a la mayúscula) Adam's Rib de Mrs. Katherine Hepburn y su católico preferido, Mr. Spencer Tracy. La primera estaba protagonizada por la fantasmagórica Jen Love Hewitt quien encarnaba a la Hepburn. La caracterización estaba bastante bien, especialmente cuando la interpretaba durante los rodajes (como ocurre en Nun's Story o Sabrina) o en algunos otros momentos de su vida, pero con bastante frecuencia afloraba la actriz de I know what you did last summer y entonces se rompía cualquier tentativa de identificación entre el mito belga y la actriz estadounidense. La labor de mímesis de Jen Love es insufiente para entregarse por entero a la película que también cuenta con una logradísima Ella van Heemstra interpretada por Frances Fisher y Eric McCormack y Emmy Rossum como Mel Ferrer y Audrey Hepburn (durante su adolescencia). Los vestuarios y peinados son una recreación casi exacta en una Audrey que aparece y se desvanece continuamente en la pantalla y que abusa de la imitación burda sin lograr captar el espíritu del mito. Le daré una segunda oportunidad para: a)verla en versión original y saber si Jen Love gana con su propia voz (el doblaje era espantoso -junto al guión, idiotizaba a Audrey-, b)ver aquellos primeros minutos que me perdí. El 

