lunes, 21 de julio de 2008

The Death visits to Harry

Las despedidas son siempre agridulces. El regusto amargo de la separación también tiene un poso nada desdeñable de satisfacción y recompensa por el camino recorrido. Este invierno viví una de las despedidas más tristes. Rory Gilmore se graduaba en Yale para seguir la campaña de Obama mientras Lorelai enterraba de una vez por todas el hacha de guerra con su madre -si eso es posible- y lo intentaba de nuevo con su proveedor de café preferido, Luke. Hoy, sin embargo, he dicho adiós a otros amigos con los que he convivido los últimos diez años. Harry Potter y la piedra filosofal salió a la luz en 1997, cuando yo tenía 13 años y me encontraba en esa zona limítrofe entre el abandono de la infancia y la intrusión a la adolescencia. Los primeros libros mucho más llanos, diáfanos y infantiles no me engancharon como lo harían los cuatro últimos. A partir del cuarto libro, Harry Potter y el cáliz del fuego, la atmósfera se tornaba más oscura, las tramas se entretejían con un gran cantidad de hilos y los personajes adquirían una mayor profundidad como entes novelescos. La adicción se hacía más fuerte y las esperas de las ediciones en catalán desesperaban hasta al lector más beático.
Desde la primera página del séptimo y último libro de la serie, invade al lector esa agorera sensación de muerte, dolor y separación. Las muertes se suceden con una naturalidad apabullante, mientras que el dolor domina sus páginas de principio a fin y ningún personaje es capaz de sortearlo y salir indemne de esta odisea de proporciones épicas. En cuanto a la separación, uno es consciente de estar despediéndose de los personajes que pueblan sus páginas desde las primeras líneas ideadas por la privilegiada pluma de J. K. Rowling. Si bien a veces te sorprende el coleteo infantil de algunos pasajes que evocan a los primeros libros de su autora, no hay que restarle el mérito de haber atado -y bien- todos los cabos sueltos que se postineaban desde el inicio de la serie como si de un capítulo de Lost se tratase. El final desfallece cualquier tentativa bélica de Las crónicas de Narnia y consigue pinchar la sensibilidad del lector como nunca lo hizo conmigo otros intentos a priori o a posteriori, se llamen El señor de los anillos o Eragorn. Debe ser la cotidianeidad de lo mágico del mundo poteriano que involucra a su lector hasta sentir en su propia frente la punzadas dolorosas de la marca en forma de rayo del Mal. J. K. Rowling ha crecido con sus lectores y su conexión es tan fuerte como la de las varitas del "niño que sobrevivió" y el Innombrable. Las proezas de Harry Potter se pueden equiparar ya a las de un Ulises en su retorno a Ítaca o a las de un Gulliver asesiado por enanos o un capitán Hacab contra la ballena blanca.
Siempre hay un resquicio de esperanza. El epílogo deja las puertas de Hogwarts entornadas, el tren en marcha y un nombre, Albus Severus, abriéndose paso entre la neblina de King Cross. La magia puede que no acabe, chicos.

5 comentarios:

Ánade dijo...

El séptimo libro me gustó, pero le vi un grandísimo problema: tenía partes muy entretenidas, pero otra muy pesadas. Aún así, se ha convertido en mi segundo libro favorito de la saga, sólo superado por "El cáliz de fuego".

El epílogo me pareció una auténtica tomadura de pelo. Lo que sí que me gustó mucho fue el capítulo dedicado a Severus Snape. La mayor duda de estos siete libros quedó zanjada de una forma magistral.

ALX dijo...

Coincido con Ánade en que el último libro es bastante irregular. Tiene partes geniales, que se alternan con otras terriblemente aburridas en donde parece que la autora no sabe a donde quiere llegar.

Lo cierto es que estos libros me los he leído por inercia y nunca he sido un fan de esta saga. Quizás porque su tono juvenil me ha resultado molesto en algunas partes en las que se podía haber sacado más provecho.

Pero si te gustan este tipo de sagas, te recomiendo La materia oscura de Philip Pullman, del que se adaptó al cine pésimamente el primero, con el nombre de La brújula dorada. Y es que pese a ser unos libros juveniles, el autor no tiene reparos en mostrar escenas muy duras y en hacer evolucionar a los personajes a través de golpes muy dolorosos. Además su visión (muy) crítica de la iglesia y su idea del más allá resultan bastante interesantes y sorprendentes de encontrar en un libro de estas características.

Albert dijo...

Ambos tenéis razón. Hacia la mitad del libro, los protagonistas parece que se adentren en un bucle en el que no hay apenas acción y la trama no avanza. Yo también creo que Rowling debería haber dado un tijeretazo ahí y no haber esperado a los últimos diez capítulos para precipitar la acción a su final. Sería un libro mucho más equilibrado en cuanto a interés se refiere.

Ánade, a mí también me encanta "El cáliz de fuego" y también esperaba con ansia ese capítulo sobre Severus Snape y su apasionante vida como "doble agente"... algo así como una Sydney mágica, ¿no? Sin embargo, discrepo en tu crítica del epílogo. ¿A quién no le gusta que le digan que sus personajes se encuentran bien veinte años después? Fue un guiño de su autora a los fieles lectores.

Alx, gracias por el consejo, tomo nota. La verdad es que ni me molesté en ver La brújula dorada debido a mi relación amor-odio con Nicole Kidman... -lo hubiera hecho únicamente por Daniel Craig-. Es verdad todo lo que dice acerca de que el tono juvenil es molesto a veces. Pero a mí me resulta una lacra únicamente en algunas batallas o pasajes donde parece que Rowling se acuerde de que puede que haya entre sus lectores muchos menores y con cargo de conciencia afloje la soga del cuello de Harry (figuradamente hablando... no os asustéis... que no es así como morirá... jajaja). Pero puede que haga una tragua con la Kidman y no permita que paguen justos por pecadores y acceda a leerme el libro de Pullman. PERO SOLO PORQUE LA RECOMENDACIÓN VIENE HECHA POR TI (TODAVÍA ESTOY RECUPERÁNDOME DE LA LARGUÍSIMA LISTA DE LIBROS QUE CONSIGUES LEERTE AL CABO DE UN AÑO).

Ánade dijo...

No, no, si a mí la idea del epílogo me parece perfecta (y necesaria). Pero no ése que metieron en el libro, que era más propio de un fanfic que de otra cosa. Si vas a contarnos cómo están las cosas veinte años después, hazlo bien, y no te centres únicamente en los tres protagonistas. Se dejó muchísimas cosas en el aire...

Crítico en Serie dijo...

La conversación final entre Albus y Harry... lo peor de toda la saga.

Y me sumo a la recomendación de La Materia Oscura. De lo más entretenida. Aún así, no vi la película. No porque no quisiera, sino por no tener nadie con quien verla.

Y Edu, no odies a Nicole. ¿No has visto que su nueva película AUSTRALIA ya tiene tráiler? AVISO: Está dirigida por Bazz Luhrmann y tiene toda la pinta de ser una mezcla entre El Paciente Inglés y Moulin Rouge. O sea, un melodrama espectacular.